
Hansel y Gretel fueron abandonados por sus padres en un área de servicio cerrada. Allí les esperaba una vieja rica y repugnante. El padre recogió un maletín con dinero y la vieja se llevó a los críos. Los padres eran unos yonquies que necesitaban pasta para sus aficiones químicas, y como para una pareja así un par de renacuajos no es más que una molestia, se dejaron aconsejar por su camello: un tipo que conocía a alguien que les solucionaría el problema, al menos a él en lo referente a las deudas de los padres de Hansel y Gretel.
La mujer se los llevó con buenas palabras en su lujoso coche. Les dio almuerzo, un almuerzo que les hizo dormir tal y como ella esperaba.
Gretel se despertó en una jaula de un subterráneo, encadenada a la pared. No podía escapar. Se meó encima de puro pánico. Después se quedó afónica de tanto gritar. Por suerte para la anciana, cuando estás podrido de pasta no es difícil comprar una casa debidamente aislada de la humanidad e insonorizada para poder practicar tus fantasías con relativa calma.
Mientras tanto Hansel se vió atado en horizontal por las muñecas y los tobillos. Estaba desnudo y su cuerpo se mecía a un metro del suelo. La mujer le estiró de su minmúsculo y aterrado pene para después abofetearle el culo sin piedad. No paró hasta darse cuenta de que el niño tenía el culo insensibilizado. En ese momento se puso unos guantes de látex e introdujo sin lubricante uno de sus dedos en el ano de Hansel, le cogió de sus imberbes atributos y los estrujo.
Entre los gritos Gretel pudo escuchar los insultos de la vieja asquerosa. No podía ver lo que la rodeaba de tanto llorar.
No se sabe cuantos días después, la niña consiguió arrancar la cadena de la pared y se sorprendió al ver que la puerta de la jaula no estaba cerrada. Salio cogiendo la cadena que colgaba de su cuello procurando no hacer ruido y se tiró sobre aquella mujer que continuaba sobre su hermano. La estrangulo con su cadena, y entre los gritos de su hermano notó como ese cuerpo viejo y retorcido dejaba de respirar, de latir, de moverse. Liberó a su hermano. Se sentía feliz.
Hansel estaba furioso con su hermana, le había arrebatado a la única persona que le había hecho sentir vivo. Se tiró encima del cuerpo de su querida ama para llorar desconsolado. Ante la estupefacción de su hermana le golpeó la cara, se tiró encima de ella y le golpeó la cabeza contra el suelo hasta mucho después de que ésta dejase de moverse. En honor a su vieja ama arrastró a su inconsciente hermana fuera del sótano. Lo que no sabía su antes atormentada hermana es que desde hacía días que el niño tenía total libertad para moverse por la casa de la anciana pervertida. El servicio, dos jóvenes tan callados como mansos, le ayudó a montar una pira funeraria en el jardín, un jardín muy alejado de la vista de nadie. Los sirvientes desnudaron a la joven y mientras sujetaban sus piernas abiertas, Hansel le clavó una estaca hasta sus entrañas, solo lo suficiente para dejarla inmóvil de dolor, agonizando, sin llegar a pulmones y corazón. Se puso en cuclillas y le miró a los ojos, esperó hasta que dejó de convulsionarse, de respirar. Anocheció.
Para rendir homenaje a aquella vieja libertadora, troceó a su hermana y la cocinó sobre las llamas de la pira de su amada muerta. Lloraba de rabia, le rechinaban los dientes, se clavó las uñas en las palmas de las manos. Unas horas después, Hansel estaba sentado ante los restos humeantes y apestosos de la pira y entre sollozos masticaba los restos de su hermana. Por mucho que intentó cocinar bien la carne, algunas partes aun estaban crudas. Recordó una comida típica del pueblo de sus abuelos, cortó la barriga de su cocida hermana y sacó algo de intestino delgado. Lo cortó y fue sacándolo lentamente. Cuando llegó al grueso y viendo que éste estaba pegado a la pared abdominal, cortó de nuevo. Apretando con dos dedos fue vaciando el intestino. Se fue hacia una manguera que había cerca y los limpió a conciencia. Después los lió en un palo haciendo una masa compacta, y la cocinó en las brasas que quedaban. El aire apestaba a carne quemada, a ropa sintética, a muerte.
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